La desinformación es una de las amenazas más poderosas del siglo XXI. No requiere armas de fuego, ejércitos ni explosivos; su fuerza concentra en la manipulación de la información para alterar la percepción de la realidad en una sociedad. En términos de ciberseguridad, hablamos de un ataque que no va dirigido únicamente a los sistemas, sino al cerebro humano: lo que se conoce como cognitive warfare o seguridad cognitiva.
🌐 De lo global a lo local🚧 El caso de Tijuana y la migración
🛡️ Desinformación
🤖 El rol de la AI
🚨 Reflexión final
A nivel global, hemos visto campañas de desinformación que buscan influir en elecciones, manipular mercados financieros o generar desconfianza hacia instituciones públicas. Estos ataques híbridos combinan lo digital con lo psicológico: un POST FALSO, un video manipulado, un meme viral… y el efecto puede escalar hasta la inestabilidad política o social.
En Tijuana, la desinformación tiene un terreno fértil: la movilidad migrante. Miles de personas llegan con la esperanza de cruzar hacia EE.UU., y en medio de esa incertidumbre, surgen rumores que se propagan como pólvora:
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“Mañana abrirán la frontera para todos.”
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“La Patrulla Fronteriza va a detener a los migrantes en masa esta noche.”
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“Hubo un ataque en la garita, no crucen.”
Estas noticias falsas no solo generan pánico colectivo, sino que pueden desatar disturbios, saturar albergues, movilizar multitudes sin control e incluso poner vidas en riesgo. Aquí la desinformación se convierte en un arma de manipulación social, explotando el miedo y la vulnerabilidad de comunidades enteras.
Dentro del marco de la ciberseguridad, la desinformación se ubica en varios niveles:
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Ciberinteligencia (CTI): identificar y monitorear campañas de influencia.
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Seguridad cognitiva: proteger a la sociedad frente a ataques dirigidos a la percepción.
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Gestión de incidentes: responder ante la viralización de noticias falsas que pueden escalar a crisis.
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Ciberseguridad estratégica: integrar defensa digital con análisis social y político.
No se trata de “proteger un sistema”, sino de blindar la confianza social.
La IA juega un papel dual. Por un lado, permite detectar patrones de desinformación, identificar cuentas falsas o analizar la propagación viral de rumores. Por otro lado, también se usa de forma ofensiva para crear deepfakes, Bots automatizados y narrativas manipuladas.
La desinformación es una amenaza invisible pero letal. Especialmente en la franja fronteriza, en el contexto migrante, no solo desestabiliza a comunidades, también erosiona la confianza de las instituciones. La verdadera defensa cibernética no se mide solo en firewalls, sino en la capacidad de proteger la verdad en medio del ruido digital.
En la era de la mentira viral, la ciberseguridad es también seguridad social.
Seguimos creciendo cybers!
